“Si no hubiese podido juntar el dinero no hubiese podido viajar”

Así comienza su relato Brea Roderick, una atleta nezeolandesa que compitió en el triatlón femenino de los Juegos Olímpicos de la Juventud, que se desarrolló en el circuito del Parque Verde.

Brea nación hace 16 años en Methven, un pueblo rural de la región de Canterbury, y desde que decidiera convertirse en deportista se topó con un obstáculo que muchos atletas del todo el mundo debieron sortear: la falta de apoyo económico para desarrollarse.

Y por esas ironías de la vida, los “problemas” de Brea se iniciaron cuando la federación de Nueva Zelanda la eligió para integrar el equipo de triatlón para los Juegos Olímpicos, y el Mundial juvenil de Gold Coast (Australia).

Hicimos rifas, eventos, cosas así, y la gente donó muchísimo dinero, fue muy lindo de su parte”, explicó Roderick en declaraciones publicadas en la web de los Juegos.

Luego, la atleta que ocupa el lugar 530 del ranking de la Unión Internacional, comentó: “Recibimos muchísima ayuda de toda la comunidad de Methven. Es un pueblito muy pequeño, alrededor de 1000 personas, y viví allí toda mi vida, así que todos me conocen y realmente querían apoyarme. Conocen mi historia”.

Como el dinero aún no alcanzaba, Roderick jugó su última carta: solicitar una beca. Su pedido fue escuchado  y obtuvo dos becas de fundaciones nacionales. En menos de tres meses, la joven atleta sabía que ya tenía suficientes fondos en el banco para poder empezar a planificar su vida como una atleta olímpica.

La ganadora del triatlón fue la sudafricana Amber Schlebusch, Roderick terminó décima. A ella, seguramente, no le importa esa clasificación.