El 0-2 ante Colombia no fue inesperado. Existían factores, de los más diversos, que dejaban espacio para un pronóstico reservado con vista al debut de Argentina en la Copa América.

Lo que preocupa, en realidad, no es el resultado sino el modo. La carencia de un norte. La presencia de un horizonte difuso.

Tiempo hay, claro que sí. Lo manifestó tras la derrota el capitán argentino, Lionel Messi, y no hay razones para no creerle.

Es cuestión de barajar y dar de nuevo, aunque no se trate esto de modificar piezas sino de que éstas encajen correctamente en el rompecabezas. Fue eso, precisamente, lo que no ocurrió en la oscura y húmeda noche en el Arena Fonte Nova.

Definir el propósito principal de su juego será la misión principal para el juego del miércoles ante Paraguay en Porto Alegre.

Allí, Di María deberá ser el Di María que deja surcos en el césped en París. Claro, si tiene una nueva chance desde el inicio.

Y Lo Celso no tendrá que ser sacrificado por la banda derecha. Por supuesto, si se pretende que la sociedad con Messi se desarrolle de una buena vez.

Agüero deberá ser abastecido con mayor frecuencia y no tendrá que dejarse absorber por una dupla de centrales paraguaya que será tan o más férrea que la colombiana.

El resto del equipo estará obligado a acompañar. Tendrán que aparecer las opciones de pase por las bandas y los cambios de frente (los productivos). Y la cesión corta deberá anteceder a esas opciones y no ser la única forma de llegar al arco rival.

Y claro, será obligatorio que aparezca la movilidad de la zona media que no existió de un tiempo a esta parte.

Chances para modificar la imagen hay. Jerarquía en algunos nombres, también. Habrá que ver si existe capacidad para diagnosticar los problemas y pericia para resolverlos.