Sosa, desabrida. Con carencia de condimentos que justifiquen su valor. Así fue la argumentación que Roddy Zambrano realizó este martes para explicar por qué no sancionó penal sobre Nicolás Otamendi en el Brasil – Argentina de las semifinales de la Copa América.

El árbitro ecuatoriano dejó margen para un cuestionamiento puntual, que derriba por completo su teoría sobre por qué omitió sancionar la pena máxima en el estadio Mineirao, en una de las dos jugadas que encendieron la polémica en aquel partido.

Yo no la vi, veo al jugador caído, el VAR la revisa y ellos interpretaron que era 50 y 50, que Otamendi entra a chocar al defensor y que el defensor hace un movimiento y lo espera, pero no es codazo”, aseguró Zambrano, chef de profesión y árbitro “por accidente”.

Fuente: ESPN Latinoamérica

En algunas de las tantas tomas que logró la televisión, se percibe a Otamendi corriendo claramente hacia el balón, sin mirar a sus adversarios, en un tiro de esquina desde la izquierda.

Por el contrario, Arthur y Allan se desentienden de la acción, casi de espaldas a la pelota, y esperan para cortinar al defensor argentino e impedirle que conecte el envío. No lo pierden de vista ni un momento.

Incluso el volante de Barcelona eleva un tanto el brazo y golpea a Otamendi, que queda tendido en el suelo.

Claramente, no fue un “50 y 50” por ciento de responsabilidades ni “Otamendi entró a chocar al defensor”, tal como aseguró Zambrano que le informaron desde el VAR. Allí cae, por peso propio, toda su argumentación.

Está claro que el partido estaba 2-0 en favor de Brasil, que faltaban pocos minutos para el final del partido y que la posibilidad de que Argentina alcanzara el empate era poco menos que una quimera.

Sin embargo, queda de manifiesta la escasa comprensión del juego de quienes impartieron justicia en esa noche de Belo Horizonte, donde también omitieron sancionar un penal de Dani Alves sobre Sergio Agüero, en una acción dotada con mayor cantidad de grises.

Todo aquel que alguna vez se haya calzado los cortos para patear una pelota es capaz de poner al desnudo las intenciones en esa jugada de Arthur y Allan, que de ningún modo pueden acercarse a las que presumió Zambrano.