Ni siquiera Federico Fellini, uno de los cineastas más grandes de todos los tiempos, hubiera imaginado un debut más promisorio para su compatriota Daniele De Rossi con la camiseta de Boca Juniors.

El guión, si hubiera culminado cuando el italiano dejó el campo de juego, hubiera sido casi perfecto. Pero pocos minutos después de su salida, el resultado cambió.

Almagro le empató a su nuevo equipo y se llevó la clasificación en los penales. Fue un cierre de jornada inmerecido para todo lo bueno que mostró el refuerzo estrella de Boca en el estadio Ciudad de La Plata.

A quienes le agoraron al experimentado volante italiano un período de adaptación a un fútbol argentino en apariencias más rústico, y con un ritmo distinto al europeo, De Rossi les respondió con solvencia, prestancia y, principalmente, jerarquía.

El gol fue apenas un detalle, aunque no menor, en medio de un primer tiempo casi perfecto para este volante de 36 años campeón del mundo en Alemania 2006, que llegó al Xeneize para equilibrar el medio campo.

De Rossi mostró un gran sentido de la ubicación para ser salida del equipo y para colaborar en la recuperación. Fue efectivo para combinar con sus compañeros, a uno o dos toques como máximo, como suele jugarse allá, del otro lado del charco.

Mostró también actitud, rasgo que enamora desde el principio de los tiempos al hincha Xeneize. Se tiró al piso una y otra vez. No le importó si debía interceptar un saque lateral o una inminente jugada de riesgo en la puerta de su área. Lo vital era recuperar la pelota.

Pero por sobre todas las cosas, Rossi no desentonó. Incluso no lo hizo cuando Silvio Trucco le mostró la tarjeta amarilla en el primer tiempo por una falta en campo contrario. El hincha de Boca, seducido por ese cabezazo que significó el 1-0, igual lo aplaudió.

También hizo calentar las palmas de los hinchas Xeneizes en la fría noche platense, cuando apenas superada la barrera de la primera media hora del segundo tiempo Alfaro lo reemplazó por Campuzano.

Su nivel había bajado en la mitad final del partido, al igual que el resto del equipo. Pero no fue ese un impedimento para ganarse la aprobación.

Si tal como dijo Oscar Wilde no hay segundas oportunidades para causar una primera buena impresión, De Rossi al menos cumplió con lo suyo. Y su debut en Boca concluyó con un pulgar bien para arriba, más allá de la sorpresiva y prematura eliminación de su equipo de la Copa Argentina.