Faltan las palabras y sobran las emociones: Argentina otra vez en la final de un Mundial, como en 1950 y 2002.

Y la clasificación llegó con una verdadera lección de básquetbol sobre uno de los “cucos” del torneo, el que había dejado en el camino a los Estados Unidos: Francia…La Francia de Evan Fournier, Rudy Gobert, Nando De Colo, Nicolas Batum.

El 80-66 refleja lo que sucedió en el rectángulo de juego del Beijing Sport Center durante 40 minutos, donde el equipo liderado por Luis Scola no le dio ningún tipo de chances a su rival.

Habrá que decir que la Argentina comenzó a ganar el partido desde la defensa, cuando Patricio Garino neutralizó a Fournir, y la dupla Marcos Delía-Scola alejó de la zona del aro a Gobert.

De la furiosa defensa, la Argentina pasó a un ataque tan veloz, conducido por Facundo Campazzo, como contundente que no le permitió a Francia a realizar una correcta transición defensiva, y lo pagó.

Los primeros diez minutos del partido terminaron 21-18 para la Argentina. Tres puntos separaban a ambos equipos, pero la cara de los jugadores franceses decían otra cosa.

La dinámica del juego se prolongó en el inicio del segundo cuarto, y fue en este pasaje, más precisamente a dos minutos y medio de su inicio, en que Francia se adelantó en el marcador: 24-23. Pero fue algo fugaz, en la siguiente jugada, Argentina pasó nuevamente al frente.

Los primeros veinte minutos terminaron 39-32 en favor de la Argentina. Era un sueño, que se sustentaba en lo bien que estaba jugando el equipo, pero faltaban otros veinte, y entonces surgían las preguntas: ¿Aguantarán el ritmo? ¿Francia se vendrá con todo?

Las respuestas llegaron rápido, a través de una impresionante actuación de Luca Vildoza que lideró al equipo, con defensa, su especialidad; y 8 puntos en ataque. En 2 minutos, la Argentina sacaba 10 puntos de diferencia (45-35), y volvía a golpear a Francia.

Faltaban poco menos de dieciocho minutos para el final, pero nada parecía cambiar la tendencia. Argentina se hacía más fuerte en defensa, y no sólo era Scola (28 puntos, 13 rebotes, y la palabra justa en el momento justo) y Campazzo (12 puntos, 7 rebotes y 6 asistencias), sino también Delía y Tayavek Gallizzi fajándose con los grandotes franceses; y Gabriel Deck.

Francia no le encontraba la vuelta. Fournier lo quería hacer todo y no podía; Gobert no hacia pesar su altura en la pintura; De Colo no influía cuando le tocaba guiar a su equipo.

El último momento de inquietud, más para los que estaban fuera de la cancha que para los que estaban adentro, quizá se haya vivido en la primera parte del último cuarto, cuando Francia bajó la diferencia a un dígito (63-55 y luego 65-57), pero fue nada más que un espejismo.

Ahora se viene España, que sufrió para dejar en el camino a Australia, pero aún así sigue siendo un gran equipo.

Scola y los suyos se ganaron el derecho a soñar. El domingo, cuando en la Argentina se acerque el mediodía, sabremos si, después de cuarenta minuto, ese sueño se hizo realidad.

Foto: FIBA