No pudo ser..

España, la España de Marc Gasol, Ricky Rubio y Sergio Llul, fue demasiado para la Argentina liderada por Luis Scola y Facundo Campazzo, a partir de eso se explica ese 95-75 con el que terminó la final del Campeonato Mundial que se llevó a cabo en China.

España, consciente de sus limitaciones y lo que no le convenía, hizo lo que tenía que hacer: sacar del juego a Scola (convirtió sus primeros puntos a través de dos tiros libres a 3 minutos 27 segundos del final del tercer cuarto), Campazzo, y Patricio Garino, quien no anotó puntos y se cargó rápidamente de faltas.

Entonces, con sus líderes controlados, y su mejor defensor limitado, a la Argentina sólo le quedó aguantar el vendaval, el cual llegó a través de 14-2 sufrido en apenas tres minutos.

Sin embargo fue entonces cuando apareció el equipo que se ganó un lugar en la final. Fue el momento de la defensa asfixiante y la velocidad para salir en ataque.

Un 11-0 marcó claramente que la Argentina estaba en partido si conseguía imponer su juego, o al menos imponerlo en distintos lapsos del juego.

A partir de ese 14-13, de mediados del primer cuarto, España hizo valer todo su potencial.

Desde la doble base, Rubio-Sergio Llul; la altura de Gasol y Juancho Hernangomez para pelear y ganar la lucha en ambos tableros; y el trabajo de jugadores de rol como Rudy Fernández y Willi Hernangomez, España comenzó a quebrar a Argentina.

Lo que sucedió a partir de entonces podría definirse así: ante cada esporádica reacción argentina (a mediados del último cuarto llegó a estar 12 puntos abajo, 68-56), algunas de ellas lideradas por Gabriel Deck, venía España y ponía las cosas en orden.

No pudo ser…Argentina cayó ante un equipo superior, y eso no le quita ningún méritos a los jugadores dirigidos por Sergio Hernández.

Llegaron en silencio, y se fueron con el aplauso y reconocimiento de propios y extraños.

Foto: FIBA