“Siento que el objetivo principal del año, que era progresar y concretar lo que venía trabajando, se cumplió, y haberlo logrado con resultados lo hizo más especial. Fue un año hermoso, espectacular, increíble, soñado”, expresó Gustavo Fernández sobre este 2019 que lo vió vencedor en Australia, Roland Garros, Wimbledon, en el circuito de tenis adaptado, y doble medalla de oro (single y dobles) en los Juegos Para-Panamericanos de Lima, donde fue el abanderado de la delegación argentina.

“Fue un año de capitalización. Logré afianzar cosas importantes a nivel tenístico, físico, mental y de concentración. Todo se hizo gracias al equipo que me acompaña”, agregó.

Una sola cuenta le quedó pendiente para hacer cartón lleno en el Grand Slam al tenista número 1 del mundo en silla sobre ruedas: el abierto de Estados Unidos. “Faltó la frutilla del postre. Realmente me dolió perder en Nueva York. Esa noche lloré y no fui a dormir en paz, porque, más allá de ganar o perder, no había hecho lo que había preparado. Me permito criticarme y de las tristezas y decepciones saco experiencia para aprender”, aseguró.

De todos modos, la derrota en esa semifinal del US Open continuó con una enorme emoción para Lobito Fernández. “Compartí una cena con Emanuel Ginóbili y su esposa. Fue una experiencia que voy a guardar toda mi vida, Destaco la sencillez que tiene Manu y su capacidad porque por algo es lo que es. Fue hermoso conocerlo y aprender tanto en esa cena con ellos. Además de lo grande que fue en la cancha Manu, tambièn me demostró serlo como persona. Deportivamente es mi ídolo, para mi es el mejor deportista de la historia argentina. Fue muy especial ese encuentro”, destacó.

Wimbledon significó una alegría extra para el tenista argentino de 25 años. “Fue un orgullo grande. Costó un montón, tuve que hacer muchas adaptaciones en mi juego para llevarlo a cabo. Y fue más especial porque en mi diez años de carrera profesional por primera vez mi papá, mi mamá, mi hermano, mi cuñada y mi novia estuvieron todos en un torneo grande. Los abrazos y las palabras con ellos al final del partido son momentos que tengo grabados y que no se me van a borrar nunca”, reveló.

Más allá de las conquistas de esta temporada, Gustavo Fernández mira hacia el futuro. “Ahora empiezo la pretemporada, muy enfocado en lo que viene, No sólo quiero ganar Nueva York, sino todos los torneos que juegue hasta el final de mi carrera. Voy a Australia con las mismas ganas de volver a ganarlo. También los Juegos Paralímpicos de Tokio 2020, ni hablar que es un  objetivo grande y lo tengo muy en la mira, La idea es prepararse, seguir creciendo tenísticamente, continuar evolucionando para seguir concretando cosas importantes a nivel personal”, dijo.

A la hora de elegir superficie no dudó: “Polvo de ladrillo, es el terreno que más me gusta y donde me siento más cómodo. Me crié y desarrollé en polvo de ladrillo y como todo tenista argentino lo tengo en el ADN. El césped no es para tenis, ja, ja, pero me adapto si tengo que jugar ahí, como lo hice en Wimbledon, aunque sea bastante incómodo por los movimientos, estilo y pique de la pelota”.

“Quiero ser más meticuloso en el tema de la alimentación. No tengo ningún vicio grande, no soy por ejemplo de comerme veinticinco chocolates, pero quiero comer más sano y me propuse hacer una dieta más estricta. Apunto a estar más fuerte, màs potente, más fibroso. y sé que la buena alimentación y el descanso son dos puntos importantes, para maximizar los años que vienen por delante”, manifestó.

Lobito Fernández destacó que “el tenis es el deporte más adaptable y más fácil de practicar porque una persona parada puede jugar con otra en silla de ruedas sin problemas”, Y respecto a este tema apuntó: “mi objetivo es romper barreras y generar condiciones más sanas para que las personas con discapacidades podamos conectarnos mejor. Es inevitable, normal y entendible que nos miren distinto a quienes tenemos una discapacidad. A veces con el humor trato de acercarme y naturalizar, diciéndole al otro: mirá mi silla de ruedas, mi discapacidad, soy así y está todo bien. Que entiendan que en definitiva como persona en esencia somos todos iguales. Sí o sì debemos convivir con nuestra discapacidad y todos debemos aprender a relacionarnos. Yo por suerte tuve un entorno que me guió bien”.

El tenista nacido en Río Tercero, extrovertido, maduro y racional, confesó algunos detalles de su intimidad: “no tengo chispa para los chistes, eso que todos los cordobeses son graciosos es un mito”; “me gustaría aprender a cocinar”, “no me gusta el queso” y “ser padre es un objetivo, importante en mi vida; quiero ser papá, disfrutar la crianza y desarrollo de mis hijos y que mis padres disfruten de sus nietos”.

La familia, justamente, es un bastión fundamental para el mejor tenista del mundo sobre silla de ruedas. “Mamá y papá son absolutamente todo para mi, gracias a ellos soy lo que soy como deportista y como persona. Con actos simples hicieron un cambio distinto. A los 6 años le pedí a mi mamá jugar al tenis como ella y me llevó con un entrenador, después les dije que querìa competir a nivel internacional y me apoyaron. Siempre fueron mi guía y sostén. Yo tengo el mérito de hacer cosas pero sin ellos hubiera sido muy difícil”, proclamó.

“Mi hermano, desde chico, fue mi ídolo máximo  fue marcando mi camino. Me lleva cuatro años de diferencia por eso no compartimos muchas cosas en común en la infancia, pero siempre tuvimos una relación muy cercana. De grandes, pese a la distancia en kilómetros, seguimos siendo muy cercanos a nivel afectivo”, relató.

Su novia Florencia también ocupa un sitio preponderante en la cadena de afectos. “Con Flor estamos juntos desde que ella tenía 13 años y yo 15. Me vio a través de mi interior, me sacó la ficha enseguida, Siempre digo que tuve la suerte de conocer a la persona ideal. Fue algo extraordinario el entendimiento instantáneo. Flor le hizo caso a su otro sentido, no a la vista al conocerme en silla de ruedas”, contó

“El tenis es mi pasión y me encanta. A mi nadie me incitó ni me obligó, me sacrifique para lograr mi sueño. Tuve momentos malos y momentos buenos, es parte del proceso. Por eso el consejo que les doy a los chicos es que sueñen, que no tengan miedo de intentar”, afirmó Fernández.