Podría afirmarse, sin temor a cometer un error, que el seleccionado de Argentina no extrañó a Lionel Messi en los 132 días y cuatro partidos (amistosos) en los que el capitán no se puso la cinta por una suspensión y en los que el conjunto de Lionel Scaloni no perdió.

Pero claro, grosera equivocación sería omitir la preponderancia, en este u otro equipo, de uno de los jugadores más gravitantes de la era modera, sino de toda ella, y evaluar siquiera un futuro cercano sin él. Mientras el aliento y las piernas respondan, el rosarino debería vestirse de albiceleste.

Cumplida esta aclaración, bien vale sostener que el regreso de Messi generó un impacto positivo en el equipo de Scaloni. El 10, como habitualmente sucede, tuvo algunas lagunas (lo explicó él mismo: “Si pasa mucho tiempo sin que la toque me voy de partido”), pero lo alentador fue un aspecto puntual.

El rosarino, con sus 32 años, un subcampeonato Mundial en cuatro participaciones y algunas lesiones que le impidieron transitar esta temporada con normalidad, le agregó a todo su repertorio una dosis de entrega al momento de recuperar.

En la noche de Riad, la tarde argentina, y en el clásico contra Brasil, Messi se hizo cargo junto a Lautaro Martínez de la primera línea de resistencia y le aplicó una intensidad apropiada cuando se decidió a presionar.

Fue tal la compenetración por este rol que, incluso, se salvó de ser amonestado en el primer tiempo, cuando cortó un contragolpe de Alex Sandro y el árbitro no le mostró la tarjeta porque primero advirtió quién fue el infractor.

Por lo demás, el capitán argentino tuvo sus clásicas apariciones explosivas en la defensa. A él le cometieron el penal, que Alisson le atajó. Pero la fortuna al menos estuvo de su lado, y convirtió en el rebote.

El primer tiempo lo encontró en otras dos oportunidades de frente al arco brasileño: en una perdió con el arquero, en la restante su remate fue interceptado por un defensor.

En el complemento, con el equipo un tanto más retrasado, su compromiso no mermó. Incluso exigió a Alisson con dos tiros libres, el primero desde unos 30 metros, que fue rechazado por encima del travesaño, el segundo un poco más cerca y de control más sencillo para el arquero.

Y también encabezó algunos ataques que levantaron al público que llegó al estadio King Saud University de Riad, sólo para alabarlo.

Fue en líneas generales un buen regreso el de Messi. Ahora quedará Uruguay y luego, comenzar a edificar otra vez el sueño mundialista a partir de marzo del año próximo.