Pablo Jesús Mingorance, volante nacido en Venado Tuerto hace 30 años, jugó en Jorge Newbery y en Sportivo Las Parejas los Torneos Argentino A, B y C, antes de emigrar al fútbol de Guatemala, donde en los últimos cinco años se convirtió en una de las figuras del certamen. Su actual equipo es Antigua Guatemala Fútbol Club, conocidos como Los Panzas Verdes, campeón de los Apertura 2015, 2016 y 2017 y del Clausura 2019.

En estos tiempos de pandemia de corona virus, Chicho Mingorance encontró una nueva actividad. Y está logrando contagiar a los guatemaltecos el sabor del mate. “Estamos a full con este nuevo emprendimiento llamado Che un mate, lanzado en Instagram. Surgió porque acá me veían tomando mate y me preguntaban que era. Aprovechando la cuarentena arrancamos con mi esposa, pensando que podríamos vender 20 ó 30 mates al mes”, le cuenta a IAM Noticias.

“Pero ese primer dia nos llegaron 40 pedidos y ya vamos arriba de los 200. Son de caoba y me los hace un  tornero de acá. Las bombillas son de China, pero ya estamos gestionando para importarlas de Uruguay o Argentina. Y vendemos yerba Canarias. Además de entretenerme y darme un ingreso extra, también ayudamos a dos Fundaciones, Los Patojos y Asociación Dejando una Sonrisa, de la ciudad de Jocotenango”, agrega. 


El futbolista, que reside en la ciudad de Antigua junto a su esposa Yani y su pequeño hijo Thiago, señala que: “En Guatemala la cuarentena arrancó el 13 de marzo, no me olvido más esa fecha, me queda grabada como la de un cumpleaños. El día anterior jugamos a puertas cerradas y después se suspendió todo. Hace diez días se canceló el torneo y se decidió que no haya campeón y que desciendan los dos últimos de la tabla general”.

Explica que “vivimos en un barrio privado, acá lo llaman condominio, y tenemos un muy lindo paisaje: mucha vegetación, montañas y volcanes a la vista. Tenemos jardín, un gimnasio y lugar para correr, por eso este aislamiento no me afectó en la parte psicológica. En la vida cotidiana, hay toque de queda desde las 5 de la tarde hasta las 5 de la mañana; y algún fin de semana pueden decretarlo por 48 horas y se cierre todo el país”.

Mingorance, que también jugó en Guastatoya y Deportivo Municipal, recuerda su arribo a Guatemala: “en realidad podría haber llegado seis meses antes cuando me lo ofreció un representante, pero en ese momento no tenía en mi cabeza irme afuera. Entonces lo derivé a un amigo, Alejandro Gambetita Díaz, de Máximo Paz y ex compañero mio en Belgrano de Santa Isabel. Vino él y salió campeón, la noche que festejaban el título se cruzó en el boliche con el ahora técnico de la Selección, Amarini Villatoro, y se pusieron a hablar. El entrenador que estaba entonces en Guastatoya le comentó que necesitaba un volante central. Ahí Gambetita me devolvió la pared y me recomendó. Y de un día para otro llegué a Guatemala”.

No sólo fútbol, familia y ahora mate y sus accesorios acompañan la vida de Chicho Mingorance. En su Venado Tuerto está montando su Museo del Botín, con una amplísima colección de material futbolístico. Cuenta que “cuando uno es apasionado por un deporte junta muchas cosas. Empecé de chiquito, en Navidad y Reyes nunca pedía juguetes: mis pedidos eran camisetas y pelotas. A los 6 años arranqué con el coleccionismo y en mi pieza colgaba camisetas. De más grande pensé en ir descartando las truchas, pero todo sirve porque son lindos recuerdos de la infancia”.

Prosigue: “De más grande cuando empecé a jugar en clubes, veía en las utilerías botines tirados y descartados. Me llamó la atención y comencé a juntarlos. También me iba en bicicleta a recorrer y pedirle a los zapateros botines rotos; me miraban con cara raras y sin entender para que los quería”.

“Toda mi colección la guardaba en el altillo de mi casa y cuando me mudé mi vieja me dijo: llevate toda esta porquería. En la nueva casa, mi novia me preguntó: ¿qué vas a hacer con esta porquería? Así creé el Museo del Botín. Actualmente tengo 400 camisetas, 400 botines, 100 shorts, y espinilleras, banderines, revistas El Gráfico -mi viejo tiene la colección completa, desde el número 0 hasta el último que salió; a mi me faltan algunas-, libros de fútbol -que también leo-, los muñequitos de jugadores de Coca, y todo tipo de cosas de marketing deportivo relacionado con el fútbol. Veo un paquete de golosinas, botellita o latita con la cara de Messi, o de otro futbolista o club, y lo compro para mi Museo”.

El buzo multicolor del arquero-delantero mexicano Jorge Campos, los botínes de Martín Palermo y de Diego Goldín son algunas de las piezas que pueblan estantes y percheros del Museo del futbolista argentino que además de destacarse en las canchas de Guatemala ahora se dedica también a difundir el mate y hacer beneficencia en la nación de América Central.