Aunque nunca se colgó la corona de laureles, Carlos Reutemann también fue un campeón

Ningún piloto argentino después del excepcional Juan Manuel Fangio despertó tanto interés en nuestro país como el hoy fallecido Carlos Alberto Reutemann. En la década 1972-82 cada una de sus carreras en pistas extranjeras alcanzaba un alto ráting, sin importar horarios, en los televisores de nuestro país y era uno de los temas principales del día. Y ni hablar de la convocatoria que lograba si el Grand Prix se corría en el Autódromo de Buenos Aires.


Tampoco ningún piloto argentino post Fangio desarrolló tanta ideonidad y aptitud al volante, ni estuvo tan cerca de coronarse campeón de la categoría principal del automovilismo como el Lole Reutemann. Fue un piloto de altísimo nivel, sin embargo le faltó un título mundial -y por eso en un mundo exitista acumuló varias cargadas y cuestionamientos. Esas burlas –“el eterno segundo”– se escuchaban en Argentina, mientras fronteras afuera sonaban elogios.


No eran mayoría, aunque tenían réplicas. Y eso que en esos años no existían las redes sociales. Como una buena respuesta, sirve remontarse al Gran Prix de Buenos Aires cuando el Lole se subió a una Ferrari, para dar una vuelta de exhibición y haciendo flamear una bandera argentina y recibiendo una tremenda ovación de la multitud presente.


Tampoco, vale recordarlo, el deportista santafesino tenía ese carisma especial que cautiva. Serio, parco, reservado y poco afecto a mostrar sus sentimientos hacia afuera.


En el contexto que sólo sirve ganar, muchas veces se empequeñecen grandes logros. Como los de Reutemann en el exigente circuito de la Fórmula y compitiendo con rivales tremendos, como Emerson Fittipaldi, Jackie Stewart, Niki Lauda, James Hunt, Mario Andretti, Jodie Scheckter, Alan Jones o Nelson Piquet.

Las escuderías más poderosas lo contrataban: Brabham, Ferrari, Lotus y Williams. Doce carreras lo mostraron siendo el primero en cruzar la bandera a cuadros, en otras 33 también se subió al podio.

Pudo ser campeón mundial, sin embargo respetó los códigos de sus escuderías. Sólo tuvo un gesto de rebeldía en aquel Grand Prix de Brasil de 1981, ignorando el claro cartel que le mostraron desde el box de Williams: 1o. Prost-2o. Reutemann. Y finalizó esa carrera delante de su compañero de equipo y campeón mundial vigente.


Solamente le faltó esa corona de campeón mundial. Pero por su trayectoria, su capacidad, su talento y su recorrido deportivo, Reutemann fue un verdadero campeón. Aunque su cabeza nunca se adornó con una corona.