El seleccionado argentino de básquetbol ha culminado hoy una actuación histórica en el Mundial de China, al que no llegó como candidato y en el que perdió la final contra un enorme equipo como España. En poco más de dos semanas de competencia, el plantel albiceleste pasó de ser visto de reojo a ser cargado de cosas de las que podrá hacerse cargo o no, pero que no le corresponden.

Esta Selección lleva muchos años trabajando en el recambio generacional. El objetivo más cercano del equipo era conseguir despegarse de una Generación Dorada, la más importante de la historia del básquet de nuestro país, cuyo único sobreviviente en China fue Luis Scola. Tanto “Luifa”, como Andrés Nocioni, Emanuel Ginóbili y los que lograron estirar su carrera hasta cerca de los 40 años, lograron traspasarles a los nuevos chicos los valores y el espíritu que los llevó a ser campeones olímpicos en Atenas 2004.

Los “profesores” pueden estar tranquilos, porque tal como observó Facundo Campazzo en la previa de la final, Argentina dio “un gran ejemplo de superación, trabajo y sacrificio” en este torneo, para llegar a una posición que superó las expectativas de propios, pero sobre todo de extraños.

El mundo del básquetbol es seguramente mucho más humilde y generoso que otros ambientes en nuestro país, por lo que a medida que estos chicos fueron avanzando en la competencia se intentó ponerlos como ejemplo para ámbitos tan lejanos a ellos como el fútbol o hasta la política, la misma que llevó a Argentina a una crisis de la que nadie se quiere hacer cargo y que día a día genera más pobreza entre sus habitantes.

Los valores son universales, y siempre se pueden aprovechar los buenos ejemplos, pero que cada uno se haga cargo de lo que le corresponde. Y sobre todo cuando se intenta comparar cosas absolutamente distintas entre sí.

“Superación, trabajo y sacrificio”, dijo Campazzo. Se podrían agregar el compañerismo, la valentía, el dejar los egos de lado… Claro, todo eso se puede intentar llevar a la práctica en cualquier tarea que se desarrolle. Pero también se tienen que dar las condiciones para lograrlo y tiene que haber ganas, sobre todo ganas.

Mientras el seleccionado hacía historia en China, logró lo que pocos: con este equipo no hubo grieta. Todo un país se maravilló, incluso los que nunca picaron una pelota naranja. De repente, los colegios paralizaban las clases para que los chicos vieran los partidos.

Eso si, mañana ya no va a haber Mundial, los jugadores se tomarán unos días para descansar, volverán a sus clubes, y los problemas del país seguirán ahí.

Dejaron en alto al básquet argentino, obtuvieron un logro que quedará en las principales páginas de la historia del deporte albiceleste, lo hicieron con el corazón, pero no los carguen con más de lo que les corresponde. Déjenlos disfrutar como lo hicimos nosotros con ellos.