La derrota frente a Talleres dejó heridas difíciles de sanar en San Lorenzo. Al equipo azulgrana le salió todo mal en Córdoba, aunque también podría afirmarse, no sin razón, que hizo todo mal. Y no se trata de una cuestión de semántica, o de echarle la culpa al azar, sino de cargar las tintas sobre quien lo merece.

Tan cierto como que Ariel Penel condicionó al equipo al expulsar injustamente a Juan Ramírez fue que el conjunto de Diego Monarriz se vio superado desde el juego en el Kempes cordobés, aún cuando existía la paridad numérica.

Y todo pareció explotar en el entretiempo. Según se supo, los hermanos Ángel y Óscar Romero volvieron a tener un entredicho (¿y algo más?) con el entrenador y ninguno de ellos salió a jugar el segundo capítulo.

¿Fue ese un error de Monarriz? ¿O será que su autoridad está desgastada? ¿O tal vez serán desmedidas ciertas actitudes de los futbolistas paraguayos, que dicho sea de paso, todavía no dieron la talla con la azulgrana en el pecho? ¿ O todo eso junto?

Por si fuera poco, Nicolás Uvita Fernández sufrió una lesión en la rodilla que puede ser seria. El uruguayo Ramón Cachila Arias también salió con molestias. Gerónimo Poblete, Julián Palacios y Adolfo Gaich terminaron tocados físicamente. Todo salió mal.

Pero también se tomaron decisiones en sentido contrarias a la lógica. Un ejemplo es la inclusión en el banco de suplentes de Adolfo Gaich. Otro, el plan de juego, que conspiró contra cualquier intención de generar peligro en el arco rival.

El delantero que más réditos le dio a San Lorenzo en los últimos meses venía de ganar el Preolímpico de Colombia y quizás llegó un poco cansado. Pero el asunto es que el Ciclón tampoco derrocha goles como para prescindir de sus potenciales conquistas.

Y Monarriz decidió no hablar públicamente tras el encuentro para explicar esa y otras cuestiones. Sí lo hizo con directivos, y quizás sea una señal.

Lo concreto es que el paso del conjunto de Boedo por Córdoba no fue para nada alentador. Quedó al borde de dejar los puestos de clasificación a las copas internacionales del año próximo pero, principalmente, mostró un rendimiento poco alentador.

Ni siquiera pudo acertar un disparo al arco en los últimos 10 minutos de partido, contando el tiempo adicionado, cuando Talleres improvisó con el delantero Nahuel Bustos como arquero, tras la expulsión de Guido Herrera. Para muestra, basta ese botón.