Ezequiel “Chimy” Ávila la está rompiendo en Osasuna, tal como antes lo hizo en Huesca, pero el delantero de 25 años hoy recordó la etapa más dura de su vida, antes de su llegada a San Lorenzo de Almagro, cuando tuvo que dejar de jugar al fútbol con su hija al borde de la muerte, trabajó de albañil y coqueteó con la delincuencia.

En una entrevista con Omnisport, el rosarino surgido en Tiro Federal brindó su testimonio de vida.

“Desde los 18 hasta los 20 estuve sin jugar al fútbol. A los 20 fui papá, se me enfermó mi hija y, sin tener dinero, la obra social de Futbolistas Agremiados se portó muy bien, porque no siendo futbolista profesional no me cubría la obra social, y ellos me dejaron la obra social.

Llegó un momento que me dijeron: “Chimy, estamos metiendo mucho el pellejo”, y mi hija estaba internada en una clínica con un seguro social que había que pagarlo. Mi hija estuvo al borde de irse para arriba.

Yo me hacía 30 kilómetros en bici para dejarle el boleto del bus a mi mujer. Con lluvia tenía que ir a trabajar en bicicleta para todos lados. y un día me pasó una anécdota muy rara, porque estaba en casa sentado y se me caían las lágrimas. Veía que mis compañeros estaban jugando profesionalmente y yo estaba hacía un año y medio sin jugar. Mi mujer me preguntó: ¿por qué llorás?, y le respondí “por cómo se me escapó el fútbol”. “Si Dios quiere, no se te va a escapar”, me dijo.

Me entrené, el agente que tengo ahora me ayudó. Tenía que sacar a mi hija de la clínica, mi representante fue sin que le digamos y pagó la clínica, porque yo era albañil, trabajaba en una demoledora.

A San Lorenzo lo tengo muy arriba, porque me dieron la oportunidad de volver a ser jugador, hacer lo que amo, y me formaron como persona y profesional. En el barrio ya me estaba tirando por la “opción A”, la más fácil: la delincuencia, la mala vida. Quizás te daba los mejores lujos, pero no vivías tranquilo”.

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