La confección del equipo de Lionel Scaloni para enfrentar a Uruguay invitaba, una vez más, a imaginar un ataque desbordado de variantes ofensivas para el seleccionado de Argentina.

Lionel Messi, Sergio Agüero y Paulo Dybala jugaban desde el inicio en Tel Aviv. Tres delanteros de primer nivel mundial, encerrados en una pequeña porción del campo de juego.

Pero la apuesta, nuevamente, dio pocos frutos. Los diálogos futbolísticos, a excepción del gol argentino (tiro libre de Messi, cabezazo de Agüero), fueron nulos. Hubo baja señal en la conexión y Argentina lo sintió.

Se buscaron algunas pocas veces, es cierto. Pero no resultó. Messi por momentos fue absorbido por una atenta defensa uruguaya. Y cuando eso no sucedió, debió convivir con un equipo que le entregó pocas variantes, principalmente de su posición hacia los costados y hacia adelante, que es donde realmente interesa.

Dybala no fue solución para Messi. El de Juventus, a igual que varios de sus compañeros, pocas veces enlazó con las intenciones del capitán argentino y apenas se generó una acción individual en el segundo tiempo, con un intento de media distancia que se fue cerca del arco uruguayo.

En el primero, Dybala tuvo una buena oportunidad pero la pelota le pegó en la mano y el árbitro anuló su posterior definición ante Martín Campaña.

Lo de Agüero lució un poco más, principalmente porque se transformó en la referencia de ataque en el segundo tiempo, cuando anotó el gol.

Posteriormente, definió desviado desde una inmejorabe posición y exigió a Campaña con un cabezazo. Todo eso antes del empate de Messi, de penal.

Sí, Messi igualó el partido, cuando ya Dybala había dejado la cancha para permitir el ingreso de Lautaro Martínez, quizás el restante delantero titular.

En el retroceso, fue el ex Racing, actualmente en Inter, un tanto más intenso que la Joya cordobesa al momento de recuperar.

Ese fue uno de los principales déficit que generó la presencia de un tridente un tanto desafilado, durante la primera hora de juego, aproximadamente. Aunque lo intentaron, sin la misma eficacia que ante Brasil, quedó claro que la presión alta no es su fuerte.

Pueden dar más, está claro. Pero al menos dos de los tres integrantes de aquel ataque inicial convirtieron en el último ensayo antes de empezar las Eliminatorias hacia Qatar 2022. En síntesis, lo que verdaderamente importa.