Se dice que los superclásicos entre River y Boca son distintos, que tienen ese no se qué que los distingue y que los antecedentes inmediatos se borran a la velocidad de la luz cuando la pelota empieza a rodar.

Se cuenta que son partidos aparte, que hay mucho por perder y poco por ganar. Se habla mucho en la previa. Se tejen miles de hipótesis. Que si el “8” se proyecta por acá, si es que juega. O si el delantero del rival será tal o cual.

Más allá de este deporte nacional de jugar a las adivinanzas con una bola de cristal casi siempre fallada, en esta oportunidad hay algo concreto para agregar.

En la previa del primer enfrentamiento por la Copa Libertadores, que se jugará este martes a las 21.30 en el Monumental puede establecerse, con mínimo margen para la fallibilidad, que ambos se juegan mucho más que mucho en esta semifinal.

Boca llega como líder del torneo local, condición que adquirió, en gran parte, gracias a una extrema solidez defensiva.

Se comenta por lo bajo, y no tanto, que el equipo adquiere paulatinamente, y sin sonrojarse, el estilo de Gustavo Alfaro. Ese que mostró en el choque de hace un mes en el mismo escenario de este martes, por la Superliga.

El técnico Xeneize ignoró las críticas y rescató su, al cabo, efectiva intención: neutralizar al aceitado engranaje del Millonario de mitad de cancha hacia adelante.

La igualdad en cero en aquella oportunidad fue el logro principal de Boca. Este martes, en la primera semifinal, intentará agregarle su principal arma ofensiva, el juego aéreo que tanto le molesta a River, para al menos lograr ese gol de visitante que puede llegar a ser vital para alcanzar la final.

Por su parte, River padece una marcada anemia ofensiva que fue maquillada últimamente por el resto de las líneas.

El equipo de Marcelo Gallardo apostará sin dudas a las buenas prestaciones de su zona de creación, y seguramente intentará hacer valer su presión asfixiante, para marcar la diferencia.

Y claro, pondrá buena parte de sus fichas en que sus atacantes recuperen por completo la memoria y se destapen en el momento ideal.

La nueva historia, después del no menos histórico desenlace en Madrid, comenzará a escribirse mañana en un Monumental repleto (tres semanas después volverán a verse las caras en La Bombonera).

En Núñez, ambos expondrán sus argumentos y poco importarán las huellas que cada uno dejó en la senda que caminó en los últimos meses.