Un partido para el recuerdo

El Real Madrid pone rumbo a una nueva Final Four de la Euroliga tras dos remontadas jamás vividas antes: la del partido y la de la eliminatoria.

Nos hartamos de repetir en la previa de este quinto y definitivo encuentro entre Real Madrid y Partizán de Belgrado que estábamos ante un resultado nunca antes visto. Ese 0-2 con el que el Madrid arrancó en su casa era diabólico. También era endiablado tener que ganar el quinto a domicilio. Los dos equipos iban a romper una barrera. Fueron los blancos, después de otra remontada de las que quitan el hipo, los que sacaron a pasear la épica que pinta su escudo para obtener otro triunfo histórico más. No otro, otro más. Llegaron a verse 41-59 en el tercer cuarto, -18; pero es que su -16 del descanso (mejor dicho, el haberse repuesto de ello) supone algo tampoco visto con anterioridad: el Real Madrid nunca se había sobrepuesto a tal reto jugando la Euroliga.

El espíritu del día anterior en el Santiago Bernabéu, tratando de tú a tú al Manchester City para meterse en una nueva final de la Liga de Campeones, se trasladó a un WiZink Center a reventar. Carlo Ancelotti resumió bien el sentir del club al término de este encuentro: “Fútbol o baloncesto da igual: el Real Madrid nunca se rinde”.

Cuarenta minutos de éxtasis que conducen a otro Clásico en semifinales. Empieza a ser costumbre de la misma forma en la que este Madrid no para de luchar sea como sea el conjunto de adversidades que navegue. La baja de Poirier, lesionado en un gemelo, no dio paso a Cornelie, que no cuenta para Mateo. Ndiaye, titular, fue la novedad de un Chus Mateo reforzado en su enfrentamiento contra Zeljko Obradovic. Quienes le daban por muerto, como con el propio equipo, se equivocaban. Tavares, el pívot sano (porque Yabusele continuaba sancionado), se cargó de faltas y terminó resistiendo sus impulsos para ser uno de los que despedazó al Partizán.

Cualquiera que haya vivido esta etapa desde entro, la de Pablo Laso y la que ahora capitanea Chus Mateo desde el banco, sabe lo que allí se cuece. Hasta que no les maten, hay vida. Luka Doncic, que siguió el encuentro a distancia, dio el crédito que se merecían a los tres miembros de la vieja guardia que revolucionaron el partido. Rudy Fernández, Sergio Llull y ‘El Chacho’ Sergio Rodríguez, a 109 años de edad entre los tres, pusieron un pulmón extra cada uno para que el Madrid respiraba cuando se acercaba a la muerte clínica. Rudy, labor oscura, letal sin anotar, una auténtica seña de identidad en otro día de los que se recuerdan. El canario se fue hasta los 19 tantos en un renacimiento fruto de su incontable talento. Llull anotó todos sus puntos, ocho, en el último cuarto, y resumió así su sentir al terminar al micrófono de DAZN“Es el ADN que tenemos desde hace muchos años. El competir hasta el final, no dar ningún partido por perdido”. Porque pasan los años, pasan los jugadores, y el estilo ha calado tanto que, en torno a una vieja guardia que se resiste a irse, estos partidos son un denominador común de un ciclo único en el baloncesto.

En Madrid vale el recuerdo más bonito

La decepción de los dos primeros encuentros de la eliminatoria, que eran los que se habían disputado en el renombrado Palacio de los Deportes, hacían de esta una noche extraña. Con el gen de la remontada incrustado en los cerebros, sí, pero sin escapar a ese sinsabor con el que el Madrid había abandonado la capital española para salvar la papeleta en la (im)penetrable Belgrado. La pelea y sus sanciones, unido a la desgarradora lesión de Gabriel Deck en el Stark Arena y a la vuelta de Kevin Punter para este decisivo encuentro, eran el freno de mano para no dejarse llevar por la euforia.

Vinícius, los hermanos Hernangómez y otros ilustres fueron parte de las 12.867 almas que la Euroliga contabilizó en el recinto de la Plaza de Felipe II. Los aficionados al club merengue, devotos o no del baloncesto, no se iban a perder semejante choque de trenes. Porque el Partizán lo era, ha acabado el curso como un obús propulsado con una fuerza enorme y se merece ser incluido entre los grandes de esta temporada. Pero Madrid sólo hay uno.

Así como estaba en el subconsciente ese par de partidos ganados por los de Obradovic en terreno español, se miraba al Barça y se veía un reflejo. No el de las semifinales, que será otro cantar, sino el del encuentro de fase regular que ambos tuvieron en ese mismo emplazamiento. Ahí los de Chus también tuvieron que ir de muy poco a mucho, de menos a todo, para vencer al eterno rival por cinco puntos y tras pasar por el potro de tortura de la prórroga. Otra de esas noches. Y una calle de doble sentido: aguardan conseguir el mismo resultado cuando en Kaunas ambos se vuelvan a ver.

Uno de los que mejor definió lo acontecido este miércoles fue Mario Hezonja. Otro que, no teniendo su mejor noche, salió al final para marcar territorio. ¿Qué fue eso? “Real Madrid. Siempre ha sido así”. Tan simples las palabras y tan difícil de alcanzar semejante estatus… “Hemos peleado como unos leones. Fuimos a un campo en el que es casi imposible ganar, luchamos, teníamos muchísimas bajas (no sé ni quién jugaba ni quién no), sacamos los dos partidos. Y hoy conseguimos una victoria para la historia”. Otra más. Otra más. Otra más de las que se recordarán siempre.

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